viernes, 23 de septiembre de 2011

Práctica Semana III: LO QUE SE SUFRE POR UNA MENTIRA (Crónica)

Tenía un mes y 8 días de haber empezado a trabajar en una empresa transnacional, cuando recibí un correo con una invitación a una reunión en las oficinas de la compañía en Brasil.
Inmediatamente mi corazón se aceleró y pensé que empezaba a cumplirse mi sueño – mi sueño desde niña fue montarme en avión, siempre dije a mis padres que iba a montarme en avión cuando fuera grande, para mí era una utopía subirse a un avión, no fui de esas niñas que alardeó a sus compañeros en la escuela de sus pilots de tinta mágica, de la foto con Mickey Mouse, o con Bella en el Mágico Mundo de Disney, además ya me empezaba a preocupar que a mis 19 no habían señales de avión por ningún lado –  
 
Seguidamente tomé el teléfono y marqué mi número de teléfono favorito, el de mi novio ¡claro! pero como no todo tiene que ser tan bueno, timbró y timbró y para terminar de consumir mi angustia…el correo de vos “comience a grabar después del tono…” colmó mi paciencia, por lo qué ansiosamente escribí un mensaje de texto diciendo: “amor, voy para Brasil”.  
La emoción, la angustia, la impaciencia me invadía, no podía respirar y de pronto pensé: mi pasaporte?! no tenía pasaporte y mi viaje era en 15 días, pero no, esa no era mi mayor preocupación…
Cuando empecé con mi novio, en una que otra conversación salió a relucir el tema de los viajes, nuestras vivencias y experiencias en el extranjero. Él me contaba de sus fabulosos viajes a Europa, de sus viajes con amigos a Estados Unidos, a Cancún… y yo qué? no podía darme por menos, vivía sola hacía unos años, me daba mis ínfulas de adulta experimentada, “ojo” con 19 años, qué conocía el mundo, independiente y pues claro!, que más estaba decir una mentirita, quien se iba a dar cuenta? porque no decir que había hecho uno que otro viajecito, qué fui a México de trabajo, a San Andrés de paseo familiar, igual y casi no veíamos a mis papás ni teníamos una estrecha relación como para hablar de viajes familiares; así qué me aventuré en mi mentirita.
Ahora, qué iba a hacer? pensé, como justifico que tengo que hacer el trámite de pasaporte si se suponía que ya tenía pasaporte…aah se me olvidaba un detalle, mi novio y yo vivíamos juntos, por eso mi desbarajuste, cómo le iba explicar que tenía que hacer un trámite de pasaporte? por Dios!! en qué me metí, me repetí una y otra vez, voy a quedar como la más mentirosa, inmadura que se inventa como realidad sus fantasías, dónde iba a quedar mi orgullo y postura de adulta experimentada!
Uffs, y ahora a pensar me dije, PUES CLAAARO! mi pasaporte lo extravié entre una y otra mudanza, SÍ yo era casi nómada….no es fácil vivir sola! Y bueno, como nunca habíamos hablado de pasaportes ni me preocupaba por buscarlo. Había llegado el momento de buscarlo y zas no NO lo encuentro!
Y así fue, se me hicieron las horas eternas para llegar al final de la jornada laboral de ese día en cuestión, donde mis sensaciones, sentimientos, pensamientos y conflictos habían avivado en mí un nerviosismo sin igual, en cuestión de horas. Al fin, las 4:50 p.m. hoy sí me voy temprano me dije.
Una vez montada en el bus hacia mi casa, mi mente no podía dejar de pensar en esa mejor actuación de mi vida… mi amor NO ENCUENTRO MI PASAPORTE! Yo buscando y rebuscando hasta en el rincón más recóndito de nuestro pequeño y muy pequeño apartamento aquel pasaporte que nunca existió.
Me dieron las 7:00 de la noche para llegar a mi casa, nunca había sido tan largo el camino a casa. Le pedía a todos los santos y las fuerzas del universo que mi novio no estuviera en casa para no tener que hacer la fastidiosa actuación de recorrer como loca por toda la casa, revolcar cajones, abrir maletas empolvadas, hacer cara de angustiada, preocupada, CUANDO YO SABÍA QUE NO HABÍA TAL PASAPORTE.
Me hice tirada del bus y quise correr como si fuera una carrera contra el tiempo y que por cada minuto que marcaba el reloj, había más probabilidades de llegar antes que mi novio, pero esos zapatos de tacón número 10, nada cómodos pero que me hacen lucir alta y esbelta se empeñaban en atarme al suelo en cada paso que daba.
Me acercaba a la esquina, ya faltaban solo 20 metros para hacer contacto visual con la cochera del apartamento que me daba el preámbulo de lo que me esperaba, el carro estacionado era lo que me decía a distancia si tenía que empezar a sacar mis mejores dotes de actriz de telenovela o simplemente decir que llegué temprano a buscar mi pasaporte y que para mi sorpresa no estaba por ninguna parte, 10 metros, 5 y ahí estaba, la cochera limpia y vacía, esperando por nuestra llegada, nunca había sentido un alivio como el de ese instante, no tenía que actuar, ni revolcar mi casa, ¡con lo mucho que odio ordenar!
Abrí el portón, aligerando el paso hacia el interior, no vaya a ser que mientras abría el portón llegara mi novio y me encontrara a tan pocos segundos de lograr mi cometido. Cerré más rápido que ligero el portón y de pronto se abrió la puerta principal del apartamento…ahí estaba mi novio esperándome en la puerta y con una sonrisa me dijo “Mi amor, llegué temprano para dejar el carro en el taller…y mi teléfono se descargó, ya vi tu mensaje…cuéntame de tu viaje”

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