viernes, 4 de noviembre de 2011

Práctica Semana IX: La Carta

Heredia, 04 de noviembre de 2011
Luis y Dina
Paraíso, Cartago
Queridos papá y mamá,
Hace 21 años me dieron el regalo más valioso, la vida. Sé que me esperaban con muchas ansias y yo fui su primera gran alegría después de su hermosa boda, que solo vi por fotos aunque siempre les reclamé el porqué no me invitaron.
Al año y cuatro meses de mi nacimiento tuvieron su segunda gran alegría, mi hermana. Ya éramos cuatro de esa promesa inicial de ustedes dos, formar una familia.
En esos hermosos años de niñez que recuerdo con mucho amor y ternura, ustedes se esmeraron por darnos a mi hermana y a mí la mejor educación inculcándonos valores y el profundo amor y dedicación a Dios, siendo  un ejemplo de esposos, amigos, consejeros, padres y seres humanos.
Siempre fui una niña ejemplar que según recuerdo la gente siempre notaba, me crié rodeada de personas que veía tres veces a la semana dos horas en cada ocasión en reuniones de congregación de la religión que profesaban y que a la fecha al menos ustedes aún profesan; pero al llegar a mi quinto grado de escuela algo en mí cambió.
Ese 2001 fue cuando por primera vez sentí – al menos que recuerde – ese cosquilleo en el estómago al ver al niño nuevo que iniciaba ese año en mi quinto año escolar. Ese cabello rubio, ojos verdes, tez tan blanca como la leche y yo – papi, mami – no podía contarles que eso estaba pasando en mi vida, porque sabía que no iban aceptar que a esas edades yo pensara en un niño y no concentrarme en mis estudios y fue ahí donde lamentablemente aprendí a callar mis sentimientos.
2002, empezaba mi último y tan esperado año escolar. Fue un año espectacular, aprendí a creerme superior a los otros niños que no estaban en sexto grado ¡claro éramos los más grandes de la escuela! aprendí a pedir permiso para ir baño en clases solo para ver si mi look estaba perfecto y si mis labios aun estaban rosa del labial que compartíamos mis amigas y yo, aprendí a mentirles diciéndoles que me quedaba toda la tarde en casa de mi amiga Gabriela haciendo tareas cuando lo que en realidad hacíamos era irnos a ver a nuestros amores platónicos jugar en la plaza de “La Joya”, papi, mami: ¡me dieron en primer beso y el segundo y el tercero… en una tarde de supuestamente ensayos de graduación! y eso y otras cosas que empezaron a pasar por primera vez en mi vida las compartí con mi silencio porque decidí que no podía contarles lo que me estaba pasando ya que me salía del cuadro de la niña perfecta y créanme no quería defraudarlos.
Cuando entré al colegio ya tenía experiencia en ser la niña perfecta con ustedes y la que se requería para encajar en mi grupo de amigos. Al llegar al colegio, mi círculo de amigos, que ustedes jamás me hubieran permitido porque no eran de la misma religión nuestra, aumentó. Yo no entendía por qué mi amiga Vanessa y mi amiga Mónica no eran santas de su devoción si eran las que me cubrían cuando me fugaba de clases para darle un beso a ese “chico” que me gustaba y qué en el receso anterior me había mandado a pedir “aprete” jeje, sé que ustedes odiaban esa palabra y obviamente lo que conllevaba eso. Mis amigas eran las que me acompañaban a esas famosas fiestas donde hacíamos “vaca” para comprar el “fresquito” y las “picaritas” de la tarde.
Por su gran corazón y ferviente deseo de ayudar a la gente a conocer a Dios, fue que nos mudamos a ese pueblo perdido en la montaña, lejos de mis amigos que ustedes nunca conocieron pero que yo entrañaba como no se imaginan. Sé que su objetivo al mudarnos ahí era ayudar a la gente pero fue ahí donde conocí a ese adolescente que nos cambió la vida tanto a ustedes como a mí.
Después de ocultar mis verdaderos sentimientos y actitudes por muchos años creí que podía ocultarles también mi romance colegial con ese “chico” pero fue más fuerte de lo que yo imaginaba, tanto así que empecé a dar señales de que algo pasaba. Ya no era esa niña inocente que obedecía a sus padres sin contradecir ni una palabra, empecé a ser descuidada en mis disimulos y tú, mi querida madre como madre te diste cuenta de que había cambiado.
Fue en ese momento que decidí ser quien yo quería ser realmente, no quería ocultarles cada paso que daba, quería que me dejaran tener un novio que aunque no fuera de mi misma religión no por eso era una mala persona, quería ser como mis otras compañeras que las dejaban tener novio y salir con ellos libremente de la mano los domingos al parque, pero nunca lograron entenderlo y no aceptaron mi decisión.
La salida a este problema fue irnos de ese pueblo que aunque sé a ustedes les dolió no cumplir a cabalidad su objetivo, para ustedes era lo mejor para mí, alejarme de ese joven y de todo lo que podía arruinar mi vida.
Pero papi y mami, porque nunca se dieron cuenta que yo no quería ser eso que ustedes querían para mí, yo no quería profesar una religión que no sentía, no quería enseñar a otros lo que yo no aplicaba para mi vida, yo quería que ustedes fueran mis amigos y que pudieran entender que aunque no era lo que ustedes querían no era mala, solo quería vivir mi etapa y no quería ser la joven rara diferente que vestía de enaguas largas y que no dejaban hacer nada.
Llegó el momento donde yo tomé la decisión de no ocultarles más nada de mi vida, ya me había cansado de tener dos personalidades, me sentía confundida porque ni yo sabía quien realmente era así que cuando quise probar suerte nuevamente en el amor les comenté a ustedes que así iba a proceder y no a escondidas como en el pasado hubiera hecho.
Aun bajo un mejor entendimiento de su parte hacia mis decisiones nunca lograron aceptar que yo no quisiera volver a la iglesia así que no calcé en sus planes y lo mejor fue irme de la que era mi casa. Sé que para ustedes fue duro y que el dolor fue casi mortal pero siempre dijeron que DIOS era primero.
Papi y mami, créanme que para mí fue devastador saber que aun siendo una niña tenía que enfrentarme al mundo sola, pero aunque ustedes crean que esa crianza no surtiera efecto en mí es lo que a la fecha me mantiene en pie.
Bien dice el dicho que “lo que no te mata te hace más fuerte” y yo lo he experimentado en carne propia. Hoy soy una mujer que defiende su independencia y toma decisiones sin importar lo que otros esperen de mí. Soy una persona decidida con una personalidad muy fortalecida, con una actitud positiva y que sabe que tiene un gran futuro por delante.
Estos 5 años de aventura en mi vida sin ustedes me hacen ser quien soy hoy. Gracias a ustedes mis queridos padres, soy una persona de bien que se esfuerza por sus ideales y que defiende el valor de la honestidad, porque sabe que el engaño y la falta de sinceridad te lleva a perder el sentido de vivir satisfactoriamente.
Estoy aprendiendo a dejar atrás secuelas del pasado como tratar de quedar bien a todo el que me rodea, a ser más honesta y a no ocultar mis verdaderos sentimientos. Aun me falta trabajo por hacer y mucho que aprender pero cada día soy una mejor persona, gracias a ti papá y mamá…
 Los quiero mucho y no les guardo ningún rencor, espero que ustedes tampoco a mí!
Se despide con un abrazo un beso del corazón
Keren Alvarado
Su hija

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